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EL BLOG DE ELAI ETXEA
12 Mar

Un día en el hide “saitoki”

    Me encuentro en un monte cercano a Pobes, a unos 800 metros de altitud. Es una mañana de Marzo inusualmente cálida y luminosa para éstas latitudes. Con los primeros rayos de sol la escarcha se disipa con rapidez. Abajo en los valles la niebla se aferra y desde lo alto el mar de nubes es espectacular.

    Ya he llegado al aguardo y comienza la espera. A la media hora se escuchan a lo lejos los graznidos destemplados de una pareja de cuervos (Corvux corax). Se acercan. Los silbidos de sus alas me rodean y no paran de meter ruido volando sobre mi posición. Todo el monte sabe ya que aquí hay comida.

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    De repente escucho un rumor repentino como si fuera viento recio soplando sobre las copas de los árboles, pero las copas de las encinas no se mueven. El viento está en completa calma. Al rumor de aire le sigue un “choque” de algo contra las ramas. Un ave de gran tamaño se acaba de posar en un pino silvestre de mucho porte situado a pocos metros detrás de mi. Los segundos parecen horas. De repente unos gritos agudos y repetitivos me confirman que lo que está sobre mí es el águila real. Segundos más tarde la rapaz baja a tierra y andando parsimoniosamente se acerca a la carne. Por el camino se detiene apenas un instante y me clava sus pupilas amarillas. Pulso el disparador apenas una vez. El resultado no es óptimo, quizás los nervios, quizás la emoción del momento que no me dejaba pensar con claridad.

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      La rapaz sigue su camino y se detiene frente a un grupo de carcasas. De pronto lanza su garra derecha con inusitada violencia hacia una carcasa, como queriendo asegurarse de que el pollo ya está muerto (si hubiera estado vivo, ciertamente lo hubiera matado), acto seguido lo traba con esa misma pata y emprende el vuelo hacia mí. Puede que me rozara con la punta de sus rémiges. Ya puedo respirar y pestañear. La calma vuelve al monte…y al hide.

    Los buitres estaban viéndolo todo desde lo alto porque no tardaron en aparecer en escena. Primero uno, luego dos… no es necesario más de media docena de éstas grandes aves para montar un espectáculo “africano”.

 

IMG_9383IMG_9494IMG_9351    Para completar el espectáculo aparece en escena un zorro de buen tamaño y precioso pelaje dorado. Los buitres le advierten seriamente de que aún no le toca comer y maese raposo toma en consideración la advertencia y decide que la paciencia es una buena virtud.

IMG_9505 - copiaIMG_9521 - copia   El madrugón sin duda mereció la pena y es que en Euskadi todavía queda naturaleza salvaje, aunque no sabemos por cuánto tiempo. De momento aprovechemos a disfrutarla. En breve tú también podrás hacerlo.

    Más información en www.elaietxea.com.

 

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