Crónica de una salvajada ambiental: Cuando el hormigón silencia la vida
POBES : VARIANTE Y DESVARÍO NO TIENEN PORQUE SER LO MISMO.
El progreso, ese concepto tan manoseado que a menudo sirve de excusa para el atropello, ha llegado a nuestro pueblo, a Pobes para más señas, con forma de hormigonera y apisonadora. Bajo el pretexto de una “mejora de infraestructuras” con la que estamos de acuerdo y una variante largamente debatida y ahora impuesta, el paisaje que ha definido nuestras vidas, nuestra historia y nuestra identidad está a punto de ser sepultado bajo toneladas de cemento gris.
Lo más indignante no es solo la obra en sí. Aunque de otras maneras mil veces más razonables, respetuosas con el medio y sobre todo baratas creemos necesaria una variante. Lo que no soportamos es el discurso oficial que respalda esta opción. Desde las esferas administrativas se nos dice, con una frialdad pasmosa, que paisajisticamente el terreno afectado por faraónicos viaductos “es de calidad media – baja”. Nos lo presentan como un erial, un espacio baldío carente de interés, como si el valor de un lugar se midiera únicamente por la posibilidad de edificar sobre él o por su atractivo comercial.
LA RIQUEZA INVISIBLE
Resulta desolador comprobar cómo quienes toman las decisiones viven de espaldas a la realidad. Donde ellos ven un “espacio sin valor”, quienes tienen un mínimo de cultura ambiental y quienes habitamos aquí vemos un ecosistema vibrante. Aquel arroyo, esa loma y los márgenes del río Baias que pretenden arrasar, por cierto Espacio Red Natura definido como Zona de Especial Conservación, son el hogar de una biodiversidad que es, sencillamente, una barbaridad.
No hablamos solo de un puñado de arbustos. Hablamos de corredores biológicos fundamentales, de especies que se asientan donde hoy pretenden trazar el asfalto, de polinizadores que mantienen el equilibrio de nuestros campos y de una flora autóctona que ha sobrevivido siglos de historia. Cada metro cuadrado de ese suelo es un ecosistema complejo, un pequeño mundo que cumple una función en los ciclos vitales.
El PAISAJE COMO IDENTIDAD
El paisaje no es solo lo que se ve en una postal; es el conjunto de relaciones entre la tierra, la fauna y nosotros los seres humanos. Al destruir esta zona, no solo están eliminando biodiversidad; están rompiendo nuestra conexión con el entorno. Están transformando un lugar vivo, que respira y cambia con las estaciones, en una cicatriz muerta y ruidosa de hormigón y asfalto. Según estos adalides del progreso nuestro paisaje “es de calidad media – baja”.
“CALIDAD DEL PAISAJE MEDIA – BAJA” SEGUN LOS PROMOTORES
IMAGEN DE LAS OBRAS DEL TAV EN EUSKADI…SEGURAMENTE ÉSTO ES MAS CALIDAD ¿NO?
¿A qué precio? ¿Tres o cuatro minutos de ahorro en el transporte hasta Gesaltza o Espejo justifican la desaparición permanente de un patrimonio natural que no se puede recuperar? Una vez que el hormigón cubre la tierra, la biodiversidad no se desplaza, simplemente desaparece. La extinción local es silenciosa, pero definitiva.
Es hora de denunciar este modo de gestión caduco, que mide el territorio bajo una visión puramente contable, ignorando los servicios ecosistémicos que la naturaleza nos presta gratuitamente. Si el valor de un paisaje se definiera por la cantidad de vida que sostiene, este proyecto jamás habría salido de la triste mesa de un diputado urbanita.
Lamentamos profundamente la ceguera de quienes, desde despachos urbanos, han sentenciado a muerte un rincón de nuestra Araba. La biodiversidad no tiene voz para protestar en las reuniones forales, pero tiene una importancia crítica para nuestro futuro. Destruir lo que no entendemos es la forma más rápida de empobrecernos a todos, por mucho que pretendan convencernos de que esto es progreso. Simplemente ya no cuela.







