FINALES DE OCTUBRE EN EL HIDE URBIGAIN
Las hojas de los manzanos y avellanos comienzan a cambiar de color, y ésta pertinaz sequía, tan poco habitual por éstas latitudes, acrecienta los tonos pardos.
Las urracas, siempre pendientes de mis movimientos, son las primeras en tomar los posaderos.
No pasa ni un cuarto de hora, cuando el macho del Busardo acude sin parar de gritar a la provocación que le supone la presencia de los llamativos córvidos.
No obstante, es la hembra la que pone más arrojo en la empresa de expulsar a los blanquinegros intrusos y suele comer siempre antes que el macho. En caso contrario ésta suele expulsar a su marido sin demasiadas contemplaciones.
Sin embargo, ya por éstas fechas los milanos reales ya han llegado de sus zonas de cría y suponen un contratiempo añadido para los busardos. Éstos últimos son bastante más agresivos que los milanos a la hora de defender la comida, pero los milanos actúan en grupo y con sus continuas pasadas coordinadas, logran, no sin resistencia, que los busardos terminen de comer.
Normalmente les suele costar a los milanos reales tomar los posaderos, pero como no consiguen llevarse su botín, finalmente se posan.
Pero mientras tanto, en la charca siguen entrando aves a beber y tomar sus baños. En concreto, un grupito de jilgueros toman el relevo a carboneros y herrerillos.
Varios milanos reales fueron tomando los posaderos, mientras el resto seguían sobrevolando la escena.
Realmente son unas rapaces espectaculares, tanto por sus formas y movimientos, como por el colorido de su plumaje, muy variable de unos individuos a otros.

El posadero para los pícidos, también estuvo concurrido. Dos parejas de Pico picapinos tuvieron también sus más y sus menos por conseguir los mejores bocados.
En total 3 horas cargadas de actividad que se han pasado volando. En éste tiempo he contabilizado 12 especies de aves.
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