PRIMAVERA TORMENTOSA EN SAITOKI
Estamos ya en los últimos dias de Mayo pero el tiempo sigue lluvioso e inestable. Las nubes bajas se aferran a las laderas y el sirimiri (lluvia fina) acrecienta la sensación de humedad. El canto del zorzal charlo se mezcla con los pinzones y pardillos. Todo en calma.
Tras un rato de tranquilidad, una sombra en el cielo me hace levantar la vista. Un ingrávido Milano negro toma tierra en la roca y empieza a mirar con avidez nuestro menú de hoy. Pollo y palomas. Parece que hoy no vamos a pasar hambre.
La nubosidad se va rompiendo pero el bosque del fondo sigue con un halo de nubes que difumina su primaveral verdor. Sin tiempo que perder el Milano come hasta que otra especie entra en acción. Un aguerrido arrendajo entra en escena.
Con inusitada agresividad y grandes dosis de audacia, el córvido empieza a propinar “patadas” por la espalda al estóico Milano, que aguanta entre sorprendido y molesto.
Al final el Milano termina por enfadarse, pero eso no es lo peor, porque otra circunstancia le hace abandonar su sabrosa comida.
Un enorme y elegante buitre se posa majestuoso en lo alto de la roca. Parece pensar que la comida no es gran cosa, pero menos da una piedra.
Pero el viejo buitre sabe que no merece la pena jugarse la vida por un triste trozo de pollo. Él lleva muchos años patrullando éstos cielos y sabe que éste es territorio peligroso para un buitre solitario. Él sabe que en grupo, la señora de éstos cielos no osaría atacarle, pero hoy está sólo y nadie se atreve a acompañarle. Mira hacia el abismo como adivinando vislumbrar una temible silueta y emprende el vuelo, pausado pero seguro de que sus grandes alas le alejarán de un lugar en el que en solitario no se siente cómodo. Son viejos conocidos y no conviene importunar demasiado a la reina, y más cuando ésta tiene a un precioso principito en el viejo nido.
Tras un corto vuelo de reconocimiento bajo el cortado, el ágil y poderoso macho de Águila real hace acto de presencia. Un destemplado chirrido de un arrendajo se escucha en el bosque. Tras el silbido de su corto picado…un profundo silencio.
Llega con el buche lleno, no tiene hambre, pero conviene aprovisionar comida para un pollo cada vez más grande puesto que además la climatología es bastante adversa por las continuas tormentas que estamos sufriendo. Toma una paloma y se lanza al abismo. Volverá a por más.
Vuelve la calma y vuelve el Milano. Un milano diferente, probablemente la pareja del anterior. Está nervioso y mirando continuamente al cielo, pero aprovecha el tiempo y come sin parar.
Vuelve el relámpago a por mas. Ésta vez entra con más pausa y posa orgulloso a recoger su ofrenda. Se siente una enorme satisfacción al contribuir en la conservación de ésta magnífica y espectacular especie. Su presencia premia con creces todos los esfuerzos.
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