Apartamentos - Registro Nº: TVI00021

Blog

EL BLOG DE ELAI ETXEA
7 Feb

MARTIODA CUMPLE 50 AÑOS

Éstos días celebramos un acontecimiento importante, el primer centro de recuperación de fauna silvestre del estado cumple 50 años. Todo un hito histórico del que todos los alaveses deberíamos sentirnos orgullosos. No solamente por ser el primero, sino también por marcar la senda a otros muchos “hospitales de fauna silvestre” que fueron poco a poco surgiendo.

Más de 20.000 animales han pasado por éstas instalaciones. Impresionante cifra, impresionante labor. Muchos y muy buenos profesionales han prestado y siguen prestando sus servicios para una loable tarea. Ni mas ni menos que salvar la vida de miles de animales que enriquecen nuestro Territorio y mantienen el frágil equilibrio de nuestros ecosistemas.

Sin embargo no he visto en ninguno de los artículos de prensa cómo fueron los detalles de esa génesis y quién fue su principal mentor.

Allá por el 1975 yo no era mas que un niño de 8 añitos, pero lo recuerdo todo como si fuera hoy. Por aquel entonces yo ya era un asiduo coleccionista de los fascículos de “Fauna” del gran Félix, pero aún no había visto de cerca ningún buitre, ningún ratonero, ningún gavilán.

Un buen día llegó mi aita a casa con una noticia curiosa, le habían llamado desde Diputación, concretamente un tal Aresti, para construir una pajarera destinada a recuperar aves enfermas o heridas. Mi padre se dedicaba a la construcción, y mas en concreto a la rehabilitación y restauración de edificios históricos y artísticos, fundamentalmente iglesias, ermitas, etc. Aquello sin embargo era mucho más interesante.  Evidentemente, aquella supuesta “pajarera” suscitó en mi un enorme interés y curiosidad.

La primera impresión fue algo desalentadora. Allí solo había un viejo establo semiderruido y un terreno embarrado y yermo, sin embargo aquel personaje llamado José Ignacio Aresti hablaba con tanta naturalidad y cercanía sobre buitres leonados, águilas culebreras o alimoches, animales que por otra parte ya eran conocidas para mi gracias al antes también mencionado Félix Rodriguez de la Fuente, que visité todo lo que pude aquel fascinante lugar.

Aspecto actual de la “pajarera” a la que empezó a dar forma mi padre Pedro Markinez exactamente en el mismo lugar allá por el 1.975

Seguramente ese interés infantil por todo aquello, no pasó desapercibido para Aresti, que en cuanto podía me enseñaba plumas de aguilucho para injertar, el cráneo de algún tejón, o la egagrópila de alguna lechuza.

 

Seguramente esa mirada infantil se iluminaba palpando y sintiendo tan de cerca toda esa teoría aprendida en libros y series televisivas. Otro día, con las obras del Centro ya mas avanzadas, Aresti me llamó para ver una cosa…

Sobre el brocal de una vieja ventana de piedra protegida por una reja, me asomé de puntillas y a un palmo de mi, pude contemplar un buitre leonado de carne y hueso.

 Recreación virtual de aquel primer huésped de Mártioda de nombre “Bat”.

Yo ya los había visto volando sobre el pueblo de Lahoz con mis gigantescos prismáticos en aquellas inolvidables excursiones con mis primos en la vieja DKW gris, por las polvorientas pistas de Valderejo y perseguidos por docenas de vacas curiosas. Pero aquello era otra cosa…tenía junto a mí a un buitre leonado…

Otro día puso sobre mi puño un enorme azor de inquietantes ojos carmesí, otro pude tener en mis manos un minúsculo alcotán de preciosas calzas naranjas… y así sucesiva y maravillosamente la naturaleza me fue abduciendo. Mas adelante, y con la supervisión de Jose Ignacio Aresti, lo que hoy es Elai etxea sirvió de refugio temporal a un joven cernícalo apedreado por unos niños con déficit de educación ambiental y seguramente de inteligencia, y otro verano mi huésped fue una preciosa hembra de gavilán que cayó de su nido situado en un altísimo roble de Murua.

Pasó la adolescencia, y terminada ya la universidad, fue cuando me enteré del proyecto que José Ignacio Aresti tenía en Sobrón. No paré hasta conseguirlo.

Desgraciadamente aquel ilusionante proyecto no cuajó, y quizá nadie tuvo la culpa de ese fracaso, o quizá no tenga ya sentido buscar responsabilidades de nadie en aquel conjunto de infortunios y tragedias.

Aquella persona, como todos nosotros, tenía muchos defectos y muchísimas virtudes, y desgraciadamente pagó un alto precio por sus errores. Justo sería reconocer, valorar y agradecer sus múltiples virtudes y logros, entre los que principalmente voy a destacar dos:

Uno sería su contagiosa pasión por la naturaleza, que aún perdura en muchos de los que tuvimos la suerte de conocerle, y el otro sería constituir el “alma mater” del primer Centro de Recuperación de Fauna silvestre del Estado, que por cierto, también perdura y esperemos que lo siga haciendo al menos otros 50 años más.

ZORIONAK MARTIODA !!

 

Deja una respuesta